
De lunes a viernes trabaja en el banco,sonrisa circunstancial y amabilidad aprendida que con el paso de los años convirtió en arte.Nada dejaba ver que su tiempo libre estuviese dedicado a algo que no fuese monótono.
El jueves,Lucía recogió a Martín del colegio y se fueron al hospital.Andrés,un compañero de clase de Martín está ingresado y quería visitarlo.Al llegar a la habitación y encontrarla vacía,acudieron al mostrador de información de las enfermeras y preguntaron por Andrés.Les dijeron que estaba en la sala de juegos situada en la tercera planta.Bajaron en el ascensor,siguieron por el blanco pasillo las indicaciones hasta llegar a la puerta que con un amarillo chillón y letras de arco iris ponía "Sala de Lecer".La algarabía y las risas traspasaban la puerta, olía a chocolate y algodón de azúcar.En el centro de la sala había un payaso, un guante quirúrgico pintado de rojo le servía a modo de cresta como distintivo entre tantas cabezas.Un corro de sillas de ruedas,taburetes y colchonetas lo tenían sitiado y él lanzaba spray de confeti como defensa;cuando se levantaba un cordón de sus inmensos zapatos quedaba atrapado sobre su propio peso y volvía a caer.
Las risas eran tan contagiosas que Lucía y Martín se vieron de pronto contagiados de tan benigno virus.
El Payaso tenía a sus pies un cubo con agua que resultó ser jabonosa y con ella hacía burbujeantes pompas.Llamaba a los niños por su nombre y con un tubo de ensayo que le servía de varita mágica,uno a uno los designaba el centro de la atracción.Daba una palmada al aire y las luces se apagaban para dar paso a un solo haz de luz que procedía de un halógeno del techo,introducía la varita en el cubo y formas maravillosas surgían de la nada.Su voz las iba describiendo:
-Mickey Mouse!,un fantasma!,una estrella!.
Al final cambiaba la varita por un aro de alambre y por un instante el niño elegido quedaba "encerrado"en una mágica burbuja que parecía una nave espacial.
Terminado el espectáculo,Lucía y el payaso se cruzaron las miradas.Al reconocerlo como el empleado del banco uniforme,gris y aburrido,Lucía se sintió culpable por haberlo juzgado dentro del grupo de los tediosos y mediocres.
Se llama Juan y a través de la risa disfraza las lágrimas.