
Nunca se adaptó al horario de aquí,tantos años amaneciendo antes que el sol y acostandose temprano pesaban demasiado sobre sus viejos hombros.
Al principio ya se le podía ver a las siete de la mañana paseando por el muelle,con sol y con lluvia,con el paraguas de compañero.Iba hasta el final,terminaba el empedrado y daba sus últimos pasos por donde se confunde el verde musgo de las piedras con el azul del agua.Volvía y compraba el pan,llegaba a casa,hacía café y pequeños "barquitos de pan" navegaban en su taza.
Desde que estaba solo la rutina era su día a día,convaleciente de un dolor del que no quería olvidarse,convaleciente de su soledad.
Cuando llegaba el verano las siete ya eran demasiado tarde y adelantaba su paseo una hora,casi siempre llegaba al muelle en el momento en el que el sol salía por detrás del castillo; a veces era testigo de historias que deconocía pero no imposibles de imaginar..........
Unos amantes salían a esa hora del hotel del paseo marítimo,un conocido regresaba a deshora,otro viejo como él paseaba un perro...
La ciudad de A Coruña enfrente siempre le ofrecía unos minutos de nostalgia,la Torre de Hércules a la derecha,el puerto de frente,la torre de control.Por momentos cerraba los ojos y se veía jóven,con la estatua de la Libertad dándole la bienvenida.Recordaba así cuando llegó a N.York,él que nunca antes había salido de la provincia,cómo le había impresionado todo,qué feliz había sido!
Un día mientras miraba el horizonte vio algo que no alcanzó a distinguir,en principio pensó que era una boya a la deriva,pero a medida que se acercaba el movimiento se acompasaba haciendo círculos en el agua.Se frotó los ojos y echó la culpa al Laxatin recetado por su médico,pero al abrirlos la figura extraña tenía rostro y facciones de mujer.No podía ser,nadie nadaba así,sumergirse y salir danzando,nadie podía ir y venir de aquella manera.
Se avergonzó y no dijo nada a nadie pero al día siguiente volvió,bajó a la playa y desde una roca se puso a esperar.
Apareció de nuevo,hoy el rostro era nítido,aquellos ojos azules,el pelo blanco y la sonrisa,aquella que le era tan familiar.Ella se aproximó a la roca y sin mediar palabra lo invitó a nadar.Él se descalzó,dejó su ropa en la fría piedra doblando el pantalón y colocando la camisa encima;en calzoncillos y camiseta imperio se lanzó al agua.
Nadie lo vio,nadie supo qué pasó,nadie lo echó de menos y sólo cuando el día seis aún no había cobrado la pensión,el director del banco lanzó la señal de alarma.
Encontraron la ropa en la playa, se hizo una investigación y al asegurar la doctora que estaba deprimido se zanjó el enigma con sólo unas demoledoras palabras en el expediente incompatibles con los sentimientos: Suicidio por depresión exógena postraumática.